Obras maestras de ingeniería: El Artificio de Juanelo en Toledo


El Artificio de Juanelo: inventos en Toledo

Toledo, la ciudad de las Tres Culturas y Patrimonio de la Humanidad, está repleta de leyendas que suceden en cada calle, en cada esquina, en cada rincón. Pero a veces lo que parece una leyenda es realidad y eso ocurre con el Artificio de Juanelo, un invento genial sobre el que nos han hablado nuestros guías de Destino Toledo.

La importancia del Artificio de Juanelo para Toledo

Fue el 23 de febrero de 1569 cuando Juanelo Turriano mostró su Ingenio o Artificio listo y a disposición de la ciudad. Un Ingenio que vendría a solucionar el problema de escasez de agua que sufrían los toledanos desde siempre y que se mantendría en uso tan solo 50 años. Porque a la muerte de Juanelo, no hubo quién se encargara de mantener el Artificio, un descuido o dejadez que la Historia no ha logrado comprender jamás.

Para entender la importancia del Artificio de Juanelo hay que situarse en una ciudad como Toledo, rodeada en tres cuartas partes por las aguas del río Tajo, pero sin forma de abastecer a sus habitantes. Hasta que llegara la solución del Artificio, los aguadores o azacanes subían cientos de cántaros al día a lomos de asnos. ¿No sería posible un sistema que requiriera menos esfuerzo y que fuera más económico?

Nadie había encontrado la solución antes y nadie la encontraría después. Aquí aparece en escena Juanelo Turriano, un calabrés que llegó al servicio de Carlos V como experto relojero, pero que era también un inventor nato al estilo de Leonardo da Vinci. Tras la muerte de Carlos V, su sucesor Felipe II se quedaría impresionado con las grandes ideas que Juanelo tenía para solucionar el problema del agua en Toledo.

Y Felipe II confió en el inventor. Pero el Ayuntamiento de Toledo, cansado de tantas pruebas fallidas previas, no estaba dispuesto a adelantar el dinero de un proyecto casi de fantasía en el que un engranaje de madera era capaz de salvar el desnivel y subir hasta el Alcázar unos 17.000 litros de agua diarios tan solo con la fuerza de la corriente del propio río Tajo. Así que semejante obra maestra de la ingeniería fue costeada por Juanelo, en una lección de cómo una persona puede llegar a creer en sí misma.

En la escritura pública se estipulaban los términos del contrato y nos encontramos con algunas curiosidades como que si la obra no tenía éxito, todo lo invertido por Juanelo sería “a su daño o pérdida”. De igual manera, si conseguía poner en marcha el Artificio, se le pagaría 8.000 ducados 15 días después de que el agua empezara a subir a Toledo, así como 1.900 ducados cada año “perpetuamente y para siempre jamás”. El inventor cumplió su parte y obró el milagro de llevar el agua a la ciudad, pero no está muy claro que el Ayuntamiento le pagase lo que habían firmado.

En cualquier caso, el “Artificio del agua”, como más tarde lo denominaría el Greco o el ‘Ingenio’, como lo llamaba el propio Juanelo, cumplió el sueño de los Toledanos y mejoró considerablemente su calidad de vida. Y también fue motivo de admiración en aquellos ilustres visitantes de la ciudad que colocaban al Artificio entre las tres maravillas de Toledo junto con la Catedral y el Alcázar.

Hoy no queda ni rastro de este Artificio, aunque gracias al plano del Greco sabemos que estaba situado al lado del Puente de Alcántara, justo debajo del Alcázar. Pero sí queda en la memoria colectiva este invento genial de un hombre empeñado en demostrar sus capacidades.

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